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lunes, 14 de enero de 2013

"Soñar para adelante".

ENTREVISTA A FRANCISCO CARLUCCI, AUTOR DE "PERRA VIDA" 

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(AW) "La cárcel fue además una gran maestra en ese sentido; cuando pasabas semanas en la celda, encanutado todo el día, sin siquiera mate para tomar, un pucho que fumar y mucho menos algo para leer, te salvaba el bocho, el recuerdo, escarbar, hurgar, armar, las historias de tu vida, como se arma un rompecabezas. Con los compañeros nos pasábamos largas horas charlando cada cual recordando su pasado como forma también de repensar a un futuro que si bien incierto, nos hacía soñar para adelante". Parte de la entrevista a Francisco Carlucci, el Tano Franco, a propósito de su flamante libro "Perra vida". En este interesante ida y vuelta, la periodista Azul Rodríguez recogió trazos esenciales de un sobreviviente a la dictadura. Pero no es solo la historia de un hombre: la Argentina y el mundo que cambiaron de cuajo, e hicieron trizas millones de subjetividades obligadas a rearmarse o sucumbir. En ese reconstruirse "de nuevo" la literatura política aparece como el ADN que marca un origen al tiempo que va en busca de un destino. Tal es el caso de "Perra vida". Clara alusión a quien fuera militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores y combatiente de su brazo armado, el Ejército Revolucionario del Pueblo. De acuerdo a la Editorial Nuestra América en el texto se recortan: "... la historia de una familia pobre, del conurbano bonaerense, los padeceres y los placeres, el encuentro con uno mismo y con los otros. Los compromisos con la vida y contra la injusticia, el nauseabundo aroma de la grieta social respirada desde niños y la búsqueda de caminos para abrir puertas y voltear muros de opresión cotidiana. Los años de lucha, de amores, de clandestinidad, de cárcel, de pequeñas injusticias, de temores, de redenciones, de plomo, de dolores, de muerte, de exilio, de esperanza". (Al final de la entrevista, un fragmento de la novela)




-¿Cómo surgió la idea de escribir, lo habías hecho antes?
-La idea de volcar al papel las cosas que rondaban en mi cabeza nació en el lejano 1998, o mejor dicho alrededor del 98-99. En ese momento inicié el proceso que me llevaría a armar Perra vida; digo "armar" porque todo empezó con páginas sueltas, cuentos cortos, como manera de plasmar en el papel una bronca interior que venía creciendo con los meses: bronca, amargura, pesar, dolor y ganas de no olvidar. En realidad la escritura me fascinó siempre y envidié a quien tenía la fortuna y la capacidad de transportarte con la palabra a mundos lejanos, a historias reales o fantásticas que me hacían soñar despierto. Si bien ocasionalmente, siempre escribí, aunque sea poca cosa como para mantenerme entrenado. Las que sí fueron aumentando son mis ganas de leer. Con Perra... fue todo más fácil porque tenía un argumento y un hilo conductor que me guiaba.
-¿Qué fue lo más difícil del proceso de escribirlo?
-El libro lo empecé y lo dejé innumerables veces, pasaban meses sin tocarlo, seguir escribiendo implicaba reordenar ideas, recordar hechos, historias, volver a leer lo escrito, etc. Sucedió más de una vez que repetía lo que ya había dicho con anterioridad, borraba, rehacía páginas enteras, hasta que la memoria aclaraba todas las dudas, pero fue muy arduo darle una coherencia general, como fue muy duro cortar centenares de páginas que no aportaban demasiado a la historia a pesar de que para mí guardaban un gran valor simbólico.
-¿Cómo recordaste tantos detalles minuciosos de tu vida?
-Como te decía antes, el Perra... original tenía más de 700 páginas, o sea que lo que quedó fue una síntesis de mis recuerdos, de mis experiencias de vida y de militancia. Siempre tuve buena memoria para recordar hechos, anécdotas cotidianas, lo heredé de mi vieja que aún en sus casi 80 años recordaba nítidamente sucesos de su infancia y de su juventud. Con ella, muchas veces, a través de charlas con mate de por medio, recorrimos juntos el camino de la memoria familiar. Me ayudó también a precisar mejor algunos detalles, momentos de mi infancia y adolescencia. La cárcel fue además una gran maestra en ese sentido; cuando pasabas semanas en la celda, encanutado todo el día, sin siquiera mate para tomar, un pucho que fumar y mucho menos algo para leer, te salvaba el bocho, el recuerdo, escarbar, hurgar, armar, las historias de tu vida, como se arma un rompecabezas. Con los compañeros nos pasábamos largas horas charlando cada cual recordando su pasado como forma también de repensar a un futuro que si bien incierto, nos hacía soñar para adelante.
-¿Cómo fueron las reacciones al leerlo, de quienes son personajes en la historia?
-En algunos suscitó profunda emoción. Por ejemplo, uno de esos personajes me confesó que leyó el libro tres veces y en cada una de esas lecturas, sabida ya casi de memoria, siempre se le escapaba una lágrima. Otros, aduciendo ser parte integrante del libro, o sea con la excusa de que peligraba la objetividad de sus palabras, evitaron expresarse, tomaron una cierta distancia. La cosa no me gustó demasiado, hubiera preferido una crítica feroz antes que esa tibia posición. Finalmente, de otros que aún no lo leyeron, estoy esperando su opinión.
-¿Qué te dejó la escritura del libro?
-Me dejó una cierta paz interior; te explico: creo que todos nosotros sin darnos cuenta llevamos siempre adentro, quien más quien menos, el deseo de que los demás sepan quienes somos, lo que hicimos, lo que hacemos y lo que quisiéramos hacer. La vida bulliciosa, rutinaria, rápida de todos los días no nos da, a veces, tiempo para comunicar. Así pasan meses, años, sin que los que están alrededor sepan realmente quién sos vos, quién fuiste. Seguramente conocen las líneas generales, pero no los detalles, esos pequeños accidentes cotidianos que te van marcando, tallando, como el escultor talla el mármol. Con Perra... creo que de alguna manera mi objetivo lo logré, y eso me tranquilizó bastante.
-¿Cuál es la principal expectativa con la publicación?
-Que sea leído, que sea entendido, que acompañe en lo cotidiano como a mí y creo a todos nosotros nos han acompañado y ayudado en los mejores y los peores momentos tantos hermosos libros (ojo con esto no quiero decir que Perra sea todo eso, los lectores harán su propio juicio).
-¿Cómo se enmarca para vos este libro en la Argentina de hoy? ¿De qué modo ves la recepción del mismo en los que fueron jóvenes en esa época y en los jóvenes de hoy?
-Fue una gran alegría ver que gustaba a los jóvenes, que no lo encontraban aburrido, esquemático y mucho menos doctrinario. Perra... creo que forma parte de esa gran mole de literatura, de cine, de arte, etc., que para mí forma parte de la memoria colectiva de un pueblo. La llaman a veces "literatura testimonial", pero yo no estoy tan de acuerdo con esta definición. Yo al menos no me propuse ser testimonio de nada: fui y listo. Tampoco creo en el sentido utilitario que a veces le dan a un libro, pero bueno, algún jugo se sacará de esto, y será cada uno de los que lean quien lo dirá. Los compañeros y amigos de esa época que lo leyeron, recordaron y agregaron pedazos de sus vidas que ya habían olvidado. Los hijos de compañeros que ya no están, me han escrito agradeciendo que les hubiese hecho conocer mejor a sus padres; una compañera me pidió que le escribiera contándole como era su compañero, que había estado conmigo varios meses en la misma celda. Ella, desde el día que lo habían metido preso, nunca más volvió a verlo, como también su hijo, porque estaba encinta de él cuando lo detuvieron. Son cosas muy hermosas, que me ayudaron también a soportar momentos fuleros de mi vida. En líneas generales, porque todavía creo que es prematuro, la juventud que ha leído Perra... lo acogió favorablemente, algunos haciendo consideraciones de tipo técnico, otros de tipo argumental, pero repito, creo que en la mayoría de los casos gustó.
¿Pensás escribir otro?
Muchos de los que lo leyeron me preguntaron se seguiría un "Perra 2", con mucha curiosidad por saber cómo siguió mi vida en el exilio. Tengo ya un bosquejo general, pero todavía no me decidí a iniciarlo seriamente. Ganas no faltan, veremos.

Azul Rodríguez
(Especial  Agencia  Walsh)
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(Fragmento del capitulo I, de "Perra vida") 

"Por esos tiempos yo solía tomar casi siempre sólo agua y cada tanto algo de cerveza. Litros y litros de agua que no lograban acabar nunca con mi sed, es por el tipo de comida, me decían, todo muy picante y salado. De noche me levantaba seguido a mear, a tomar agua y a secarme el sudor que perennemente me empapaba. Esa noche me levanté de la cama por primera vez, solía hacerlo dos o tres veces, vacié mi vejiga y bebí mis buenos sorbos de agua fría. Serían las dos de la mañana.
Satisfechas mis necesidades me preparaba a volver a la pecera, cuando empecé a notar que la noche era particularmente silenciosa. Esperé un par de minutos con las orejas paradas, y efectivamente no se oía pasar auto alguno por la calle, nadie hablando por la vereda, ni un perro que ladrara. Controlo, todo en orden, me digo que, como ya pasó otras veces, la clandestinidad te mete una persecuta de manicomio, me redigo para convencerme que los controles que efectuamos esa noche estaban todos al pelo, y que sabíamos de antemano del retardo del gordo Odilio y la Petronila.
Me concedo otro trago de agua fresca, decido que es hora de olvidar mis estúpidas preocupaciones y tratar de dormir las pocas, sudadas, escasas horas que me quedan a disposición.
Aún semidormido, poco más de una hora después, un ruido espantoso que nunca olvidaré, de chapas plegadas, maderas hechas añicos, cuero duro pisando fuerte, me despertó. Habían destrozado la puerta que daba al patio y hecho bolsa la de la pieza. Antes de que pudiésemos darnos cuenta de lo que estaba sucediendo, un grupo de gorilas armados hasta los dientes se recortó macabramente en el dintel, a la luz de la lámpara del patio. Recuerdo sólo el bestia que apareció primero, pinta de animal cebado, pañuelo a lo pirata en la frente, ametralladora en mano gritó: -¡No se muevan o los reventamos a tiros, todos quietos!", o algo parecido. Como se dieron cuenta de que estábamos todos medio dormidos y desarmados, entraron en tropel a la pieza, nos bajaron a culatazos y trompazos de la cama. No se entendía nada con el quilombo que ellos mismos armaban, logré sólo entender al Chiche que gritaba como un desesperado que no tiraran porque en la pieza había dos pibes.
Con este modo tan boludo de caer empieza mi segunda vida".

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