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viernes, 23 de enero de 2015

Falleció Humberto Ríos cineasta del pueblo.

POR JUAN MASCARÓ



A los 84 años se fue Humberto Ríos. El negro para los amigos. Cineasta, fotógrafo, pintor, maestro. Vivió con intensidad y coherencia. Cuando uno lo llama cineasta del pueblo está siendo justo con un hombre de su tiempo que podemos descubrir ligado a lo mejor del cine militante en América Latina. Pero también uno esta de este modo parafraseando a su documental Al grito de este pueblo (1972), maravilloso fresco de su Bolivia natal, revolucionaria desde y hasta la médula.

En los años 50 marchó de allí para estudiar cine en el IDHEC de Francia, donde conoció a Alain Resnais, Françoise Truffaut y Costa Gavras. En su paso por París se comprometió con un grupo de activistas que luchaba clandestinamente contra la guerra de Argelia. Fue uno de los pocos que integraban aquella célula que pudieron esquivar la prisión.
Radicado en la Argentina desde 1960 fue autor de numerosos cortometrajes - una nota tan extensa como esta podría escribirse de Faena (1960) que junto a Tire Die (Fernando Birri, 1960) sientan las bases del cine social en nuestro país - pero también del largo de ficción Eloy, una película perdida hasta hace unos años cuando fue hallada en Chile, país en que fue filmada a fines de los 60, rememorando la historia de un bandido rural a partir de sus recuerdos a la hora de morir, asumiendo los riesgos de una narración guiada por la memoria más que por la cronología y una fotografía monumental.
Algo del pintor había en los cuadros nacidos de la cámara que Humberto tomaba entre sus manos para hacer sus películas o para trabajar con el desaparecido Raymundo Gleyzer. Ríos fue maestro de Gleyzer en la escuela de cine de La Plata en los 60, y Raymundo sabía que no podía dejar pasar la oportunidad de incorporarlo para ponerle imágenes potentes a sus historias urgentes. Humberto realizo la cámara de cortos etnográficos como Pictografías de Cerro Colorado y Ceramiqueros de Traslasierra (1965). El maestro fue cámara del estudiante en un gesto de humildad pero también en el hermanamiento de las ideas que toco su punto más alto con México, la revolución congelada (1971) filmada clandestinamente en México.
De esta película le escuche muchas anécdotas a Humberto, pero hay una que lo pinta de cuerpo entero. En una de las largas jornadas bajo el agobiante sol del sur mexicano preguntándose porque luego de la revolución la tierra seguía en las mismas manos, el calor y la falta de agua desmayaron a Humberto. Se cayó y con él la cámara, una Bolex 16mm que se rompió. Raymundo desarmo la maquina e intento arreglarla. Lo logro pero luego del accidente las imágenes quedaron registradas con un leve temblor que quedo incorporado a la película. Estoy seguro que los mejores planos de Chiapas los hizo Humberto con la cámara rota. Ese es el espíritu de esa generación. Una idea en la cabeza y una cámara en la mano como decía Glauber Rocha. Hacer el cine con muchos recursos, con pocos o con ninguno. En definitiva: pasión.
Ese es el valor que la presencia de Humberto Ríos en medio de los piquetes y las fábricas tomadas del 2001 tuvo para nuestra generación. El negro era un puente entre décadas de lucha, un sobreviviente que venía a contarnos con humildad como era intentar una revolución. Su experiencia con Raymundo, su militancia en la FAR, sus corridas filmando la masacre de Ezeiza (1972), la desaparición de su amigo Raymundo a manos de la dictadura cívico-militar de 1976 y mil cosas más están contadas en El Cine Quema (1997) el libro de Fernando Martin Peña que rescato por primera vez la historia de Gleyzer a partir de un notable montaje escrito de entrevistas y en Raymundo (2002) de Ernesto Ardito y Virna Molina, una película que se parece para mí a las canciones que uno recuerda por la época en que las escuchaba, mas allá de su forma y melodía. Raymundo acompañó nuestro descubrir de una calle poblada y rebelde, después del invierno de los 90, y allí proyectábamos y filmábamos, y allí estaba Humberto uniendo caminos… incansable. Atrás de la obra de Gleyzer estaba la suya, igual de fundamental y vital
No paro de filmar, organizar a los documentalistas y escribir sobre su forma de ver el documental, como cuando nos dejo esta definición, que no es poco. “Entiendo al cine documental como aquel que permite captar realidades complejas, analizarlas y develar el rostro de situaciones siempre ocultas tras de la maraña de informaciones tergiversantes proporcionadas por los grandes centros de comunicación alineados con los intereses de las grandes potencias imperialistas. El cine documental desencadena debate social, promueve el diálogo agitado que inaugura una nueva forma de ver los problemas, al descorrer el velo con el que se oculta el rostro de la pobreza, por ejemplo, y al testimoniar –mediante la imagen y las voces auténticas de los protagonistas, los dramas cotidianos”
Humberto sorprendía rebelándose al paso del tiempo, como la noche que lo cruzamos en un recital de Arbolito, el grupo de folklore, en medio de un público joven con auriculares “para escuchar bien”. Hace poco murió un compañero y le escribí una carta que publique. Terminaba diciendo que uno quiere abrazar a los que se van, pero es un abrazo al vacío. Estamos acostumbrados a querer con el cuerpo, son las reglas de nuestro paso por este mundo. Humberto me escribió – últimamente se la pasaba despidiendo contemporáneos – y me dijo: “Juan, como dices bien: nos quedamos abrazando al vacío, y me atrevo a agregar...también al silencio. No estarán más los sonidos de sus pasos, pero quedarán las huellas de su caminar incrustados en nuestras retinas. Así son los andares de compañeros por estos pagos que nos enseñan a todos a no dudar, a no bajar los brazos, a continuar la lucha...”
Hasta hace una semana trabajo, filmo, hizo entrevistas, editó, viajo. El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata programó para fines de noviembre su documental Fernando Birri, el utópico andante (2012), una larga charla entre maestros que forma parte de una serie de capítulos sobre documentalistas que produjo Ríos los últimos años, con la amorosa colaboración de jóvenes estudiantes y profesionales de cine que conoció en las aulas. Sus más recientes compañeros tendrán la tarea de terminar una película sobre Santiago Álvarez - el documentalista cubano que le puso ojos a la revolución - que quedo en la isla de edición.
Hoy a la mañana, en el cementerio de la Chacarita, acompañaban al negro a su descanso final, de un lado sus contemporáneos y familia; del otro, jóvenes camaradas de sus últimas aventuras. Esa foto lo cuenta a Ríos, saltando los tiempos, vital y caminante.
Su enseñanza es la coherencia de volcar siempre nuestros conocimientos y calidades en favor de los olvidados, y no olvidarnos de contar sus historias cuando triunfan, cuando por fin muestran los dientes, como decía el Che.
Hace un tiempo recibió un premio a la trayectoria y dijo con esa voz cálida que nunca olvido el acento: “Trato de revisar un poco el pasado de nuestro cine y de nuestro compromiso, porque tengo la impresión de que hay un olvido casi irremediable y doloroso de un pasado que fue duro, en el cual peleamos por una utopía y era realmente una utopía, pero que nos permitía vivir con dignidad, sentirnos que pertenecíamos a la raza humana y no éramos simplemente números. Que podíamos decir, golpear, cantar, enojarnos y llorar, y cada vez que nos encontramos algunos de los amigos que todavía quedan en América Latina, recordamos esos momentos como los más ricos de nuestra historia. Nuestro compromiso fue con la vida absolutamente digna, absolutamente hermosa y violenta. Hoy ya pasó el tiempo, hoy estoy en una etapa como dice la canción «en tiempo de reposo» y miro hacia atrás y digo -«Esa historia hay que contarla, hay que decirla, hay que hacer una película».
La película que debería hacerse es la de tu intensa y valiosa vida, compañero. Hasta siempre.
Juan Mascaró

jueves, 6 de diciembre de 2012

Director de teatro, escritor, ensayista, escenógrafo y militante, a lo largo de su vida, Coco Martínez, ha sabido llevar su compromiso a disímiles latitudes en donde la clase oprimida necesita una voz y luchar contra el régimen.

Entrevista a Humberto Coco Martínez, 
director de teatro, escritor, ensayista, escenógrafo y militante a lo largo de su vida    

El viento que sopla en la selva inmensa

Ezequiel Álvarez
Revista La Maza

Martes, 18 de Octubre de 2011 

 Ayer fueron Bahía Blanca, Neuquén, California y México. Hoy, su casa, sus sueños y su vida están en el medio del monte misionero, en donde abrió una biblioteca y día a día busca resistir pese a la lluvia de desidia y la vergüenza de una clase política ausente.
Desde los origenes
-LM: Humberto ¿Cómo te enamoraste del teatro?
-HM. Mi primera relación, inconsciente, con el teatro debe haber sido, de pibito, al dormir pegado al escenario en los ensayos donde participaba mi viejo, al cual admiraba. Después siendo más consciente en los registros: fui de la comedia al grotesco, al drama y la tragedia. Pero creo que todo el arte contribuyó a mi amor por el teatro, aunque lo que más amé fue la poesía. El teatro le dio forma a mi visión espiritual en una ficción que no era mentira sino otra realidad construida a la medida de mis ideas; una poética.
-LM:¿Cómo fue tu infancia?
-HM: Nací en Carmen de Patagones. Mi padre llegó allí como trabajador del "Ferrocarril del Sud". Antes recorrió el país como trabajador golondrina. Ingresó al ferrocarril como mi abuelo, que fue también anarquista y terminó muerto por una máquina en el puerto de Ingeniero White. Cuando tenía un año, mis viejos se trasladaron a Tandil y allí transcurrió mi infancia en un hermoso clima: un hogar donde se cantaba mucho, se recitaba y narraba. Ese orden se rompió cuando mi padre, también anarco y miembro de la Fraternidad, participó como dirigente de una huelga ferroviaria en el año 1951 contra Perón y quedó cesante. A partir de ese momento tuvimos vigilancia policial ya que mi viejo estaba en algún lugar de las sierras. Eso me marcó mucho, tanto como las charlas de sus compañeros respecto a su pertenencia a la clase trabajadora. Su sentido de justicia, responsabilidad y compañerismo se concretaban en una acción: la huelga. Aquellos relatos se daban en encuentros y también en el grupo de teatro "Alborada", en el salón de la Fraternidad, donde mi viejo actuaba, cantaba y tocaba la guitarra.
-LM: Esa figura de tu viejo anarquista ¿te determinó políticamente?
-HM: A lo largo de mi vida tuve vínculos con compañeros y compañeras que provenían de distintas organizaciones o independientes. Conocí anarquistas, de quienes aprendí lo que practicaban: anticipar la utopía, es decir vivir y luchar como comunistas sin esperar que la sociedad cambie para serlo. Otros fueron marxistas de quienes tuve mucha influencia en su rigor, compromiso y conocimiento. Otros fueron cristianos. Otros, peronistas que lucharon y dieron su vida por la causa del pueblo. Pienso que la historia no es lineal y no hay un solo camino para liberar al ser humano de la opresión. Me defino en mi deseo más profundo, que es una sociedad sin dioses ni patrones: una sociedad sin clases, de hermanos y hermanas.
-LM: Una de tus obras más recordadas fue la Cantata Santa María de Iquique. ¿Cómo se gestó?
-HM: Cuando se dio la experiencia de Allende en Chile viajé con el propósito de conocer y participar en ese proceso. Me inscribí en los trabajos voluntarios y, al enterarse los compañeros de que era un hombre de teatro, me dieron la dirección de un grupo perteneciente a la FECH (Federación de Estudiantes Chilenos). Con ellos, recorrimos tres provincias: Bio Bio, Malleco y Cautín. Entonces escuche el disco de la Cantata Santa María de Iquique por el grupo Quillapayun con textos de Luis Advis. Me conmovió por su paralelismo con las masacres obreras de la Patagonia. Alentado por mi maestra Susana Zimmermann, comencé a trabajar en la idea de la puesta. Decidí que los actores debían ser los protagonistas de la historia: los mismos obreros. Al volver a mi tierra comencé a convocar a obreros de una fábrica textil, obras en construcción, empleadas domésticas y estudiantes (en total unas 60 personas), con quienes concretamos la idea en el Centro Cultural de Viedma a sala llena y con la especial asistencia de Arturo Jauretche. Así comenzó este movimiento, que, incluso aportó al fondo de huelga cuando hubo conflicto en la fábrica y los obreros la cantaban enfrentando a la patronal.
-LM: ¿Se puede reeditar una experiencia de integración actoral como la que hiciste con la Cantata Santa María de Iquique o eso es cosa del pasado?
-HM: El contexto histórico es distinto, pero de hecho, pudimos montarla en Neuquén en el año '97 con la participación de obreros, niños, estudiantes y actores locales, Villa Regina, Necochea, y la presencia de Luisa Calcumil (actriz mapuche de General Roca). También participaron artistas plásticos y músicos, éramos en total 100 personas. La montamos en el Gimnasio Central a público lleno. Luego de la función a medianoche, inauguramos con el público una escultura de Claudio Carlovich recordando a los desaparecidos.
Destaco también la puesta que hicimos de la obra "La Pasión del Piquetero" de Vicente Zito Lema en el 2006, con el grupo "Contraviento" del Frente Darío Santillán y la participación del actor Ricardo Gil Soria. Sin olvidar el apoyo de los compañeros de las Asambleas y en particular de nuestro compañero Rubén Saboulard. Las funciones se dieron frente a los Tribunales de Lomas de Zamora durante el juicio a Franchiotti con un público de 3000 compañeros piqueteros y bajo el puente Pueyrredón durante la vigilia del 26 de junio. Tenemos a los compañeros, tenemos a Vicente, por lo tanto, "hacer lo imposible" es la consigna.
Teatro y militancia sin fronteras
-LM: ¿Cómo fue tu exilio y en qué circunstancias se produjo?
-HM: Se produjo mientras dirigía el grupo Eva Perón en Bahía Blanca. Corría el año 1973 y tras varias actuaciones con la "Cantata Santa María de Iquique" en los barrios y en la Universidad nacional del Sur, nos propusimos llevarla al Teatro Municipal. Llenamos el teatro con compañeros de los barrios y las villas, ya que los integrantes del grupo venían de allí. Recuerdo que cuando salí a escena, pude ver que al fondo de la sala estaban los compañeros Montoneros cuidando la misma, ya que varios de nosotros militábamos en la Tendencia. En el palco de adelante, cerca de escena, estaban compañeros del ERP con boina y estrella roja y armados, también cuidando la función. En ese momento me estremecí de emoción. Al terminar la obra, -el teatro daba a la avenida Alem, que es la más paqueta de la ciudad- marchamos por la calle: actores, público y organizaciones. Causamos escándalo en la sociedad bahiense donde tienen peso decisivo la Armada, el Ejercito y el reaccionario diario Nueva Provincia. Poco después, durante la presidencia de Isabel se agravó la situación y ganó espacio la CGT local, vinculada a la Triple AAA. En ese clima hostil y con compañeros caídos, se me advirtió que figuraba en una lista y una noche de regreso a casa advertí el peligro. Mi viejo me sacó de la Ciudad con un amigo hasta Tres Arroyos, de allí a Buenos Aires y luego salí del país con la ayuda de la Sociedad Argentina de Actores. Aclaro que mi militancia no se limitaba solamente a la actividad teatral. Con Ángel Cappa, que fue expulsado de La Nueva Provincia, organizamos una actividad periodística con la participación de la gente del barrio y trabajadores, fundando el periódico "La Argentina en patas"  del que aún conservo un ejemplar. Teníamos un espacio, un viejo club de barrio, y nos ayudaba en la manutención Ricardo Carpani, quien nos donaba sus dibujos. Después de pasar una temporada en Buenos Aires donde la situación también era seria, la SADE me proporcionó documentación donde se especificaba que tenía que hacer un curso en Los Ángeles, EE. UU y regresaría. Así conseguí la visa. Mi idea era estar un tiempo en Los Angeles con los grupos chicanos de los que tenía noticias pero no contacto y regresar al país cuando fuera posible. 
Llegué con 25 dólares, sin hablar el idioma y con un número telefónico para contactar a un amigo. Los pocos dólares me alcanzaron para una noche de hotel. Por la mañana traté infructuosamente de conectarme y al ver mi dificultad con el teléfono una empleada de la cafetería me ayudó. Ella era ecuatoriana y me ayudó hasta que pude encontrar a mi amigo.
-LM: ¿Cómo fue tu vida en EE. UU. y en qué espacios participaste políticamente?
-HM: Fueron tres años y medio de intensa actividad, de mucho trabajo, de respeto y de reconocimiento; jamás me sentí ajeno a estos compañeros. En esos años llegó a este mundo mi hijo Miguel. Trabajé, sobretodo, en la organización CASA, en los talleres para grupos chicanos y latinos en toda el área de la bahía y Tucson, Arizona, y en el grupo "Libertad". Los grupos de teatro chicano tienen su origen en el "Teatro Campesino" bajo la dirección de Luis Valdez. Este grupo se generó en la Unión de Trabajadores Campesinos, liderada por Cesar Chávez. La mayoría de los actores eran hijos de braceros. También formamos el "Comité de Solidaridad con Argentina" que incluía a compañeros estadounidenses. En esa época recibíamos noticias de la actividad en los centros clandestinos de detención y la usábamos para difundir la situación mediante un periódico. Recuerdo que salía a la calle vendiéndolo, diciendo lo único que pronunciaba fluido en inglés "News from Argentina!". Fueron momentos muy dolorosos que aún me acompañan. En esos años trabajábamos conjuntamente con el Frente Sandinista, lo que nos permitió invitar al poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, quién en un barrio de San Francisco realizó unos bautismos que me sorprendieron: al derramar agua bendita sobre la cabeza de los pequeños decía: "Espíritu del capitalismo, ¡sal de este niño!, espíritu de la propiedad privada, ¡sal de este niño!"
-LM: Luego te fuiste a México...
HM: Si. Con dos integrantes del grupo decidimos irnos para México. Compramos un Ford Galaxy '70 y pasamos por los estados de California, Arizona, Nueva México y hasta El Paso, Texas. En Tucson el grupo Libertad nos donó cuatro cubiertas nuevas para seguir viaje y así cruzar todo el desierto. En México nos dieron espacio y garantizaron trabajo a todos los exiliados. En mi caso me desempeñé como profesor de teatro en Bellas Artes durante seis años. Viví en Cuernavaca con mi familia, allí nació mi hija Manuela. Trabajaba en el D.F. y siempre traté de vivir en la cultura mexicana comprometido con su realidad social y su historia. Por ello formé en el grupo "El Plan" con trabajadores jóvenes, haciendo referencia al "Plan de Ayala" de Emiliano Zapata. Como vivíamos en Morelos -donde nació, lucho y murió el líder revolucionario- usábamos la modalidad del "corrido", tomando en cuenta el pasado revolucionario y los conflictos actuales. Allí tuve el privilegio de convivir con David Viñas, de quien tanto aprendí y que tanto me ayudó a afirmar mis convicciones. De él tomé y para siempre dos definiciones básicas: "no hay texto sin contexto" y "me interesa todo aquello que cuestione mi  coherencia". Fue un hombre consecuente, lúcido y muy generoso. Después vino la guerra de Malvinas, más tarde la democracia y mi regreso en un avión con todos exiliados. Pero el país no era el mismo y yo tampoco.
Un grito en el monte
-LM: ¿Qué te llevó a vivir y fundar un teatro y una biblioteca en el medio de la selva?
-HM: Estaba viviendo en Buenos Aires con mi compañera Jorgelina y pensamos y sentimos que una experiencia basada en el reencuentro con la tierradesde la vivencia y la producción de nuestros propios alimentos podría ser un camino a seguir para profundizar en nuestra producción artística y de pensamiento. Además, una opción cultural que cuestionaba un modelo de vida. Compramos la tierra con nuestros ahorros y elegimos Misiones por el clima y porque su monte me recordó a México. La biblioteca la construimos con mi hijo Miguel y mi nuera Claudia, que también aportaron con sus ahorros y la llamamos "Primero de Mayo". Luego Miguel y Claudia se fueron, quedando ésta a nuestro cargo y el "teatro de la selva" todavía es un sueño.
-LM: ¿Cómo se hace para seguir construyendo cultura en medio del monte misionero?
-HM: Es muy difícil en el espacio geográfico que habitamos, el monte de la zona centro de la provincia. Estamos a 18 km de Oberá, ciudad que tiene 300 templos de distintas religiones, cristianos de todo pelaje. Los pobladores de nuestro entorno son muy pobres, la mayoría vive de planes sociales. Son parte de la industria del asistencialismo del país, ocupan buena parte de su tiempo, todos los meses, haciendo las largas colas del Banco. Están en situación de supervivencia y no tienen luz ni agua potable ni acceso a la información. Hay mucha ignorancia y resignación y en parte se debe a la influencia de esas iglesias evangélicas. Hay desocupación y alcoholismo, sobre todo en los jóvenes. Creo no haber sentido tanto dolor en mi vida por la situación de otros. En nuestra biblioteca  pudimos formar una asamblea, y luego de dos años de lucha conseguimos tener una perforación de agua y una red. La biblioteca funciona con algunos niños y adultos, muchos vienen a ver videos y algunos de los niños a merendar. El intendente y los concejales de éste municipio, San Martín, nos ignoran por completo, ni siquiera hay caminos en buenas condiciones. Por suerte tenemos el reconocimiento y la amistad de los vecinos por nuestra conducta solidaria. Cuántas veces nuestra camioneta sirvió de ambulancia ante un parto o un accidente, a lo que algunos responden ofreciendo frutos de su producción. Pero sufrimos la imposibilidad de lograr cambios importantes en la gravedad de la situación. Somos empecinados frente al rostro desnudo del "modelo" y construir cultura aquí no es una tarea fácil. Del teatro ni hablemos, nunca vieron una obra y, encima, hay prejuicios religiosos, pero hay que articular nuestra experiencia y voluntad con esta realidad y no bajar los brazos jamás.
-LM:¿Cuál es la situación de los campesinos pobres y los recolectores de yerba mate?
-HM: Las condiciones son precarias, terribles. La mayor parte de los campesinos trabaja en el desmonte y cuidando y regando con agrotóxicos las forestaciones de pino y eucalipto, también en la cosecha de yerba y en los cultivos destinados a la alimentación. Hay desocupación porque los trabajos son temporarios. Esta es la política del gobierno reelecto de Maurice Closs, mimado de los K. El desastre ecológico es profundo: la provincia perdió el 90% del monte nativo para vender su madera y plantar mayormente pino. Cada árbol implantado consume 100 litros de agua por día y es inminente la construcción de la represa Garabí que inundará 35.000 hectáreas de monte nativo. Las zonas desmontadas se están desertificando y casi toda la provincia sufre el cambio climático. Todo da como resultado un tejido social deteriorado con un alto índice de alcoholismo, violaciones, embarazos infantiles e incesto, cultura producida por la ignorancia, indefensión y dependencia para sobrevivir. Pero para "apalear tanto dolor" en gobierno ha construido una inmensa cruz en Santa Ana en la que, hasta ahora, lleva gastados más de 70 millones de pesos. 
-LM: Ante los gravísimos hechos de Ledesma hace poco más de un mes, ¿qué opinión tenés acerca del conflicto por la tierra y la vivienda en el interior del país?
-HM: Luego de la Conquista y la "Campaña al desierto" -el despojo de los pueblos originarios-, la propiedad de las grandes extensiones de tierra quedó concentrada en una minoría. El resultado es: somos todos argentinos, pero pocos tienen la tierra. Pienso que no hay sentido de Patria si no hay responsabilidad del pueblo en los destinos de la misma. Considero que es un gran tema a discutir. Para ir parando la mano, por ahora, lo quieren arreglar con algunos terrenos y algún techo. El resto es estratégico para el modelo, ya que su horizonte son el agro negocio y la agro industria. No se discute lo más importante: qué se produce, cómo se produce y qué consecuencias sociales y ambientales conlleva. Ahora están discutiendo la ley para frenar la compra de tierras por extranjeros, pero nadie dice que el agro negocio no necesita la propiedad ya que en su mayoría arriendan, como el vergonzoso contrato de la provincia de Río Negro con China para plantar soja. Tampoco las minas a cielo abierto requieren propiedad. Y en caso de necesitarla, cuentan con traidores que pueden ser sus testaferros. Pienso que la cuestión de la tierra es fundamental para un proyecto de liberación nacional.
Teatro y resistencia: el telón que nunca se cierra
-LM:¿Qué balance hacés de la política cultural del gobierno K?
-HM: El balance es sencillo: es funcional y parte del "modelo" que proponen. Lo deja claro "El fútbol para todos" y otras cuestiones. Lo que no es para todos es la tierra, el trabajo digno, la educación, la salud y el arte. Y para esa tarea cuentan con artistas bien aceitados que funcionan acorde al "modelo". Existe un circo y adherentes incondicionales, pero no dejan muy claro qué es "el modelo".
-LM: CFK está a punto de ser reelecta con índices que superan cualquier comparación, pese a que -como ha señalado Atilio Borón regentea un modelo económico que permanece inalterado desde Menem . ¿Qué opinas de esto?
-HM: No sólo que regentea este modelo económico y social sino que lo va a profundizar, con los agro negocios, agregando la industrialización de la ruralidad -una agricultura sin agricultores-. Esto va a alterar profundamente nuestra cultura y nuestra soberanía alimentaria estará en mano de las empresas que puedan desarrollar biotecnología con cultivos extensivos. Producirán alimentos a los que sólo podremos acceder en las góndolas caras de los supermercados. También extenderán las fronteras agrícolas con más desmonte, concentración y hacinamiento de los pobladores en las villas de las grandes ciudades. Todos estos años de modelo han generado una cultura de clientelismo, punteros y dependencia. Así mismo la participación de una clase media acomodaticia a la que le va esta economía y un progresismo que patea al arco mirando la tribuna y a su bolsillo.
-LM: El gobierno K ha distribuido, profusamente, subsidios para la realización de filmes nacionales, pero, ¿ha hecho algo para fomentar el teatro, para sostener o crear salas y producciones independientes?
-HM: El teatro puede ser masivo o no y ellos no van a aportar a un arte que generalmente no es masivo. El teatro requiere de una construcción grupal, fomentar el teatro - idea, para hacer circular el pensamiento crítico y lograr que el público, si es buen teatro, participe de una reflexión personal y social y eso es ajeno a los intereses del gobierno. La censura en este capitalismo puede ejercerse privándonos de recursos económicos, pero por suerte,  el teatro puede hacerse aún "sin plata". Pasión y convicciones bastan. Para que el teatro sea revolucionario hay que distanciarse de la tradición romántica y hacer "visible lo visible", incluso ser crítico hasta del mismo proceso revolucionario. Hay tantas miradas como directores, actores y público.
-LM: ¿Haber asumido el teatro como un enorme compromiso con la vida y la lucha social te cerró puertas?
-HM: Se me cerraron casi todas las puertas, excepto las de los compañeros, que son las más importantes. Yo nunca viví ni pretendí vivir del teatro, siempre me las arreglé con la docencia y otros oficios y rebusques.
-LM: ¿Qué opina de la vinculación orgánica que muchos intelectuales, algunos amigos suyos, han establecido con el poder?
HM: Opino que estos intelectuales orgánicos negocian a la medida de sus necesidades.. Usan la realidad social como coartada y es tan precaria su verdad como el discurso que la sostiene.  Reemplazan el lenguaje por una especie de jerga y algunos supuestos.  Es imposible macanear en serio, aunque ellos piensen que tienen derechos por lo que hicieron con sus vidas, pero es imposible responder a la memoria de los compañeros caídos desde ese lugar. Frente a este panorama, compañeros como Vicente Zito Lema y otros -en los que me incluyo-, el único derecho que tenemos es el de resistir. Si no perdemos la bronca, si luchamos, si nos organizamos y encarnamos el discurso, tal vez todo cambie.
Si no podemos -pese a todos los esfuerzos- al menos, como señaló Envar El Kadri, "no pudieron convertirnos en ellos".
-LM: ¿Pensás volver a la ciudad?
-HM: Lo que produce dolor, produce arraigo. Aquí, con Jorgelina, tenemos nuestro pedazo de tierra, nuestra huerta, nuestra soledad y la compañía de nuestros vecinos. Quisiéramos regresar a la ciudad para compartir lucha e ideas acordes a nuestro ser, pero sabemos que dejaríamos el país real; el de los que sufren y son ignorados. A veces odiamos tanta resignación y queremos irnos- y creo que algún día nos iremos-, pero sabemos que los rostros de las víctimas más afectadas por este "modelo", los pibes, los ancianos, los desposeídos, los que sólo cuentan con su sola vida, nos acompañarán hasta el final.

sábado, 17 de noviembre de 2012

La presidente Cristina Fernández de Kirchner encabezó el acto de inauguración del Centro Cultural y el Museo del Juguete, en la villa turística de El Calafate, en la provincia de Santa Cruz.



Allí la presidenta hizo comentarios con respecto a la película sobre Néstor Kirchner que se estrenará el jueves próximo en los cines y que mañana se presentará en el Luna Park, agradeciendo la labor de la directora Paula de Luque.
“Anoche vi la película que mañana se estrena en el Luna Park por el Día del Militante en honor a Néstor Kirchner, mi compañero, y quiero agradecerle personalmente a la directora Paula de Luque, porque pudo captarlo, expresarlo y contarlo con testimonios e imágenes sin golpes bajos”, dijo la mandataria.
Cristina reconoció que “tenía temores de cómo iba a ser tratado el momento de su partida”, pero afirmó que “la directora lo hizo de una manera no sólo artística por la poesía del momento, sino ajustada a la verdad histórica y a lo que él era”.
También señaló que cuando Néstor comenzó su gestión como gobernador santacruceño “la situación era peor” pero finalmente “dejó la provincia con 650 millones de dólares” y con una desocupación de entre el 2 y 3 por ciento cuando en el país “era de dos dígitos”.
“Ese era Néstor Kirchner gobernando, salió de este sur. Seremos poquitos pero ya les pusimos dos presidentes. Porque gobernar no es una cuestión de cantidades. Te pueden apoyar muchos o todos pero si no gobernás correctamente perjudicas a todos”, sostuvo la mandataria.
En ese marco, señaló que la Nación “seguirá ayudando siempre a Santa Cruz”, y afirmó que es “una suerte tener un gobierno que ayude cuando hay problemas, pero también saber que tenemos que tener un modelo de gestión y de administración que permita que esa ayuda no sea vista como un privilegio por otros”.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Jornada artística de protesta.


Sábado 12
Buenos Aires: 

Hora: 15:00

Lugar: Av. Colon y la Ruta 25, localidad de Matheu, partido de Escobar.

Motivo: En reclamo de justicia a 4 meses del asesinato de Noemí Condori, militante social del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL).

Reseña: La madrugada del miércoles 11 de enero fue asesinada Noemí Condori, integrante del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), del barrio Villa Saboya, Matheu, Escobar. Madre de dos hijos, trabajaba en tareas solidarias en el Centro Comunitario “La Esperanza” en el barrio de Villa Saboya. Familiares denuncian falta de resultados concretos por parte de la Fiscal Irene Molinari a cargo de la investigación y deficiencias sospechosas en el accionar policial (no tomaron huellas, no hacen identikit, etc.)…

Convoca – Contacto: FOL Escobar: Luján Rodríguez: 1155847659 -Federico Bertalot: 11 55847655

martes, 7 de febrero de 2012

“El secreto de sus ojos”.


CABILDO - Por la Nación contra el caos 





OJOS

Largo tiempo después de su estreno, un oportuno DVD me permitióver“El secreto de sus ojos”, la película de laque todos hablaron. No es mi intención comentarla aunque puedo decir —entérminos muy generales— que me pareció bien actuada pero, en definitiva, una“película del montón” como se dijo en la revista “Noticias”. Ninguno desus dos argumentos —la investigación de un crimen y el contenido romanceentre Darín y Villanueva— tienen carnadura para ser algo más.
  
(Después de escrito lo anterior leí en el blog de Flavio Mateos —Videotecareduco—una excelente crónica a la que remito al lector).
  
Lo que quiero comentar es algo en lo que, curiosamente, ningúncronista de la prensa comercial reparó. Como se recordará, el protagonista descubre, hacia el final del filme,que el marido de una víctima de violación y asesinato mantiene, desde haceveinticinco años, “preso” en su casa (en rigor, secuestrado) al autor delcrimen, un militante de la Triple A.
  
Debe recordarse también que el protagonista, Darín, ha sido presentadocomo un justiciero que se saltó algunas reglas para lograr encontrar y castigaral culpable de los delitos indicados. Pero ¡oh sorpresa! al justiciero Darín nise le pasa por la cabeza intervenir en el delito que tiene ante sus ojos —privaciónilegítima de la libertad— y obtener, por lo menos, la liberación delpreso en la cárcel privatizada.
  
Tampoco el público (ni los que comentaron la película) reaccionaante este delito. No es que el marido de la víctima ha “hecho justicia por manopropia”. Lo que ha hecho es injusticia, porque ningún condenado a perpetuacumple en la Argentina veinticinco años de cárcel ¡en reclusión solitaria!,pena que no existe en nuestro Código Penal.
  
Por este detalle, la película se vuelve una metáfora de lo quehoy se entiende en nuestro país por justicia, es decir una injusticia con quese  “corrige” otra injusticia. Ytodavía habría que agradecer que se conserven algunos rasgos de la justicia común:un estrado y tres señores sentados tras unas mesas. No es mucho más lo que quedade Themis.
  
Dicho de otra manera, para los monstruos no hay justicia sinosimple venganza. No hay juicio debido, ni normas procesales ni las garantíasque tan numerosas fluyen en relación con los delincuentes comunes. Si unmonstruo está preso, bien preso está, cualquiera sea el procedimiento paralograrlo o la cárcel que lo aloje. Para ellos sólo vale el  ojo por ojo, ¡y esto cuando lostribunales rebosan de discípulos de Kelsen, para quien  la ideamisma de una justicia abstracta era un mito y lo único que valía era el derechopositivo que no exigía más que reglas claras dictadas por autoridad competente!
  
Insisto: no es la acción que nos presenta la película —el “encarcelamiento”privado— lo que me llama la atención. Lo asombroso es la nula reacción deprotagonista (que ni piensa en movilizarse para detener esa injusticia) y elsilencio de las decenas de zurdos “justicieros” que vieron y comentaron la película.A ninguno, hasta donde yo sé, se le ocurrió cuestionar lo que hace el carceleroy lo que no hace Darín.
  
Pero me corrijo: no tiene nada de asombroso: es lo lógico en unpaís que ha perdido el rumbo hace muchos años, tras veintitantos deadoctrinamiento gramsciano.
  
Aníbal D’Ángelo Rodríguez